lunes, 14 de octubre de 2013

SUSURROS EN LA TORMENTA




El suave y leve susurro de una brisa oscura, acarició  mi nuca y mi oreja al amanecer. No entendí lo que quería decirme, no tendría importancia.

Un dolorcillo punzante en el costado derecho de mi pecho me despertó, no tanto por lo doloroso como por lo molesto. En pocos segundos ya no lo notaba.

 Esa mañana amaneció rojo, como un día perfecto para desayunar con diamantes. El chófer aparcó en la puerta de casa y tardé muy poco en acomodarme en la parte trasera del vehículo.
Un lacerante dolor recorrió mi cuerpo, cual resaca. Llevaba un tiempo siendo mi compañero infatigable e inseparable. En mis brazos, en mis piernas en mi pecho, en mi cabeza. Este seguí notándolo a lo largo del día.

Rápidamente llegamos a nuestro destino. El mismo sitio donde día tras día mi vida iba transcurriendo; monótona, gris, aburrida, verde, tediosa y blanca. Nada más llegar, salieron como siempre a recibirnos, ajetreados, nerviosos, mojados por el llanto angelical con el que nos había obsequiado el cielo. Volví a notar la brisa en mi oído y en mi nuca, acariciándome de nuevo, y nuevamente no pude entenderla: ¿Qué querría decirme? .




Note mi pecho hinchado, pero no me dio tiempo a preguntarme porque, ya que desvié mi ojos hacia mi mano que acababa de ser traspasada por una punzada penetrante y dolorosa. De repente Morfeo me hechizó, y no pude resistirme. Tampoco quería hacerlo, pues era el único modo de evitar a mi inseparable y nada deseado compañero, así que caí rendido ante él, y pude ver blancos  ángeles guiándome y protegiéndome en mi sueño, aliviando mis punzadas, sedando mi cuerpo, transportándome a verdes prados, a ríos cristalinos y azules, a cielos llenos de nubes, hasta que…

…estas se transformaron en tormenta, cuya lluvia me calaba hasta dejarme totalmente empapado. Truenos, rayos y relámpagos se acercaban hacía donde me encontraba, trayendo la tormenta hacía mí.

Poco a poco el agua de las nubes caía con más fuerza, y yo empezaba a notar las gotas como punzadas en mis brazos, en mis manos, en mis piernas…doliéndome cada vez más. Cuando el dolor empezaba a ser insoportable, notaba como las gotas me atravesaban el cuerpo, y entonces note de nuevo en mi nuca y en mi oído ese suave y leve susurro de brisa oscura.

Súbitamente un relámpago ocupó todo el cielo, y un fogonazo blanco y verde me trajo a un despertar agónico, con punzadas en  todo mi cuerpo. Intentaba moverme para calmar y evitar las punzadas, pero todo era inútil, hasta que de nuevo un ángel blanco me rescató, llevándome de nuevo al cielo claro y sin tormenta.

Estaba disfrutando de la tranquilidad de flotar entre nubes, cuando la tormenta de antes volvió a arreciar, ahora con más fuerza, y donde antes había lluvia, ahora era granizo lo que golpeaba mi maltrecho cuerpo, no dejándome ni tan siquiera opción a gritar pidiendo ayuda, ni a quejarme de dolor. De repente, una cálida sensación cubrió mi espalda y mi oído izquierdo, y reconocí a mi compañero el susurro, ahora  con forma de sombra, intentando abrazarme.

Nuevamente el relámpago y el fogonazo verde y blanco me llevaron a un mundo de pinchazos, a un mundo de agonía, a un mundo de terror, y cuando todo parecía perdido, no podía más y estaba a punto de desmayarme por el dolor, de nuevo mi precioso ángel blanco vino a socorrerme, a sacarme de una realidad de pesadilla. De nuevo aparecí en mi idílico sueño de verdes praderas, ríos claros y cristalinos y nubes blancas, pero no duro demasiado.

Rápidamente antes de que la tormenta apareciese, la brisa oscura apareció ante mí. Ya no era un susurro, ni tampoco era leve. Ahora aparecía bien definida ante mí, montada en un corcel blanco; y consigo venía una noche oscura, fría, eterna, y ahora si entendí lo que desde hace tanto tiempo intentaba decirme…



…DESCANSA, TODO ESTA BIEN YA, YO ME OCUPO A PARTIR DE AHORA.


Y  el dolor cesó…para siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario